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24 abril 2026

EL HUEVO QUE LLEGO AL ATARDECER PARTE III. SORPRESA AL REGRESAR


 Al volver de la escapada que nos dimos de 6 diítas de ruta, en casa, nos esperaba una grata sorpresa, lo que antes eran dos preciosos huevos como promesas, ahora latía vida. Dos polluelos recién llegados al mundo, temblando de luz, respirando por primera vez el aire que nosotros habíamos dejado atrás. 

Al asomarme, la madre me miró con esa calma que tienen los animales cuando reconocen la bondad. No hizo falta nada más. Habían nacido en el silencio, sin prisas, sin testigos. Habían elegido justo ese instante para revelarse, el momento en que nos marchamos. como si supieran que las sorpresas verdaderas esperan a que una vuelva a casa, y entonces entendí algo, la vida sigue su curso aunque no la miremos.

A veces basta un simple nido para recordarnos que todo empieza de nuevo. La maceta de aloe ya no es solo una maceta, ya no es solo un refugio, ya no es solo un rincón mas de la terraza, es un latido que crece, respira y nos recuerda que incluso en lo mas pequeño cabe un mundo entero.

 Bienvenidos a la vida




28 marzo 2026

EL HUEVO QUE LLEGÓ AL ATARDECER , PARTE I



El jueves , cuando el sol empezaba a caer y la luz se volvía dorada, una paloma joven llegó a mi terraza, sería entre las 18:30 o 19:00 cosa así, traía en el cuerpo esa urgencia silenciosa que tienen los animales cuando la vida le llama desde dentro.

Sin ceremonias, dejó caer un huevo, lo depositó en le pequeño nido improvisado que habían empezado a construir días antes, sobre la maceta de aloevera  y como si el gesto la hubiese sorprendido incluso a ella, se marcho, La  noche cayó y el huevo quedó solo, frío, expuesto, como una promesa sin custodia.

A la mañana siguiente, el huevo seguía solo, allí, intacto, sin calor. Yo lo miraba desde la esquina, sosteniendo esa mezcla de ternura y respeto pero sin intervenir,

Fue mas tarde, ya entrada la mañana del viernes cuando la paloma regresó. Trajo unas cuanta ramitas mas, reforzó el nido con una determinación nueva y al caer la noche, una de ellas se quedó. Esa fue la primera noche de incubación.

El sábado amaneció en silencio, solo de nuevo, pero a las 9:25, ella regresó, puntual como un reloj interno. Se acomodó sobre el huevo con un suspiro leve, como si por fin hubiese encontrado su sitio.

A  las 10:00 am. el macho apareció. Traía mas ramitas en el pico, pequeñas ofrendas para fortalecer el nido. Yo me limitaba a  observar, entendiendo sin palabras que ese refuerzo era un anuncio, se acercaba un segundo huevo?

Y así entre atardeceres, ausencias breves, regresos precisos y ramas nuevas, mi terraza se convirtió en un santuario donde la vida se organiza sola, con sabiduría de antaño que yo mientras, acompaño desde el silencio.